martes, 28 de mayo de 2013

La terrorífica historia del Familiar Interrogante (Parte 2)

A tus 32 años, eres la protagonista absoluta del principal evento familiar del año. Tu boda. Después de tres años viviendo juntos, dos yendo de vacaciones a la piscina de tu pueblo, una tarjeta de crédito de las de pago aplazado que se estira como un chicle, varias negativas del banco a concederos un crédito y algo de ayuda económica familiar, habéis decidido dar el gran paso. Nunca un sueldo de teleoperadora dio para tanto… Porque, sí, trabajar de “lo tuyo” ya no es más que un vago recuerdo en tu subconsciente. Ahora “lo tuyo” es intentar no morirte de hambre ni de frío y pagar la hipoteca. Pese a todo, estás estupenda. Tu vestido es perfecto; tu peinado, ideal; los zapatos, bueno, los zapatos te están ulcerando los pies, pero estilizan tanto tu figura que aguantas el intenso dolor como una campeona.
Aunque no tenías ninguna intención, has invitado al FI para no discutir con tu madre. Desde tu privilegiada posición, le ves pelar gambas con una destreza envidiable. Se come las suyas sin pestañear y ataca, con la inquina que le caracteriza, las del resto de los comensales.
Sin apenas darte cuenta, llega uno de los momentos más esperados del banquete. La tarta. Con sumo cuidado, coges un trocito del pastel con la espada y se la ofreces a tu esposo, iniciando así un ritual tan antiguo como prescindible, que, estás segura, fue creado por un hombre o una mujer que ansiaban quedarse viudos el mismo día de casarse. Tu marido repite el mismo gesto y tú sonríes emocionada mientras temes perder la tráquea. La gente, morbosa, hace fotos sin parar. Vuelves a tomar de nuevo la espada (por favor, ¿esto no va a acabar nunca?) y en esos momentos ves que se acerca el FI. Te alejas de tu pareja, para no implicarle en la lucha sin cuartel que la criatura diabólica y tú mantenéis desde hace ya bastante tiempo. Ahí estás, con un arma blanca en la mano delante de tu archienemigo. San Jorge contra el dragón. Fantaseas, claro que fantaseas. Pero, antes de iniciar la batalla, decides comerte el postre. Que la tarta nupcial es de chocolate y tú llevas dos meses a dieta para poder entrar en el vestido. Así que, vuelves a tu sitio (con la espada a buen recaudo) y te metes sin respirar una cucharada de tarta del tamaño de la catedral de Burgos. El bocado es tan orgásmico que no percibes que el FI ya está a tu lado y te está soltando: “Bueno, ¿qué? ¿y el niño para cuándo?”. La madurez, el chocolate y que no quieres convertir tu enlace en una nueva entrega de “Kill Bill” hacen, no sólo que te tragues la tarta, sino, que además, vuelvas a servirte una porción de mayor tamaño que la anterior. FI - 4; Pobre Víctima Indefensa, desarmada y hambrienta - 0.

Con 34 años acabas de dar a luz a tu primer hijo. Prácticamente tienes frescos los puntos de la episiotomía, pero no has querido perderte ese señalado acto familiar. No eres muy consciente de cuándo tomaste esa decisión, porque tu cerebro lleva quince días procesando sólo frases y actos sencillos. Estás realmente asombrada. Nunca pensaste que el ser humano pudiera sobrevivir durmiendo sólo doce horas a la semana. Fascinante... Mientras todo el mundo hace carantoñas a tu primogénito, tú compruebas que tu vestimenta está en orden. Ya no recuerdas ni qué llevas puesto, pero suspiras aliviada al descubrir que no has mezclado flores con rayas y que los colores combinan. Rescatas a tu retoño de un maremágnum de besos, pellizcos, palabras inconexas y voces como de Gremlin para proceder a alimentarlo. Cuando vuelves al salón te has perdido el cóctel, los entrantes, el primer plato, el sorbete, dos discursos, cuatro chistes de fútbol y la anecdóta sin fin que tu tía cuenta siempre en las bodas. Concluyes que Nietzsche formuló la teoría del eterno retorno tras asistir a un acto familiar. Y sonríes, porque, a pesar de la falta de sueño y de tus maltrechas neuronas, has conseguido acordarte de Nietzsche. Qué culta eres. Lástima que tu profesión siga siendo tratar de convencer por teléfono a la gente de las bondades de una compañía eléctrica. Le cedes el testigo al padre de la criatura y te sientas a comer algo. No tienes hambre, pero no quieres que tu hijo se quede huérfano de madre. Por supuesto, ni te acuerdas del FI. Tu cerebro no lo considera relevante. En el plato hay un trozo de carne de algún tipo de animal que desconoces bañado en una salsa de color rojo. Cortas un trozo sin mucha pasión y te lo metes en la boca. Y por detrás, como un eco lejano, oyes la siguiente pregunta: “Bueno, ¿qué? ¿y el hermanito para cuándo?”. Tú sólo alcanzas a entender “eno…ito…ando” antes de quedarte profundamente dormida sobre el filete. FI - 5; Pobre Víctima Indefensa y madre coraje somnolienta - 0.

La vida continúa su curso de forma implacable. Ya tienes 37 años, un marido estupendo y dos hijos maravillosos. Sí, dos. Niño y niña. La parejita. Eres tan afortunada… Hace mucho tiempo que sabes que en las reuniones familiares lo menos importante es que hayas descubierto la vacuna contra el SIDA. Ahora gozas del mayor estatus dentro de la tribu. Todos te valoran y te miran con envidia. Y tú desempeñas ese nuevo rol con soltura y determinación. Y, con estilo, porque, pese a que ya visualizas los 40 en el horizonte, estás mejor que nunca. O, por lo menos, quieres creerlo.
Tu mirada se cruza con la del FI y pronto te das cuenta de que ha cambiado. Ya no es el ser abominable que buscaba minar tu autoestima, no, ahora percibes en sus ojos la admiración y el reconocimiento. Con la satisfacción del deber cumplido, tu Némesis se aleja, no sin antes obsequiarte con un gesto de complicidad. Al fin y al cabo, no era tan mala gente, piensas. Sólo cumplía una misión. Te levantas con el claro objetivo de dirigirte al FI, cuando una amalgama de colores imposibles llama tu atención. Ves a lo lejos a la hija adolescente de tu primo mayor. Tan joven, tan indefensa, tan daltónica…, porque no concibes que alguien con una visión normal en ambos ojos pueda ponerse encima semejante variedad cromática. Olvidas lo que ibas a hacer y te acercas a la muchacha. Por el camino también aprecias que la pobre ha debido confundirse y ha echado mano sin querer (normal, no ve bien) de un vestido de la colección primavera-verano de la Barbie. Por el tamaño, más que nada. La chica está situada estratégicamente junto a la mesa de los canapés y engulle con escaso glamour un volován de champiñones. Abres la boca y, sin pensarlo, como atraída por una extraña fuerza superior a ti, le espetas: “Bueno, ¿qué?, ¿y el novio para cuándo?”. Te quedas helada. La sangre deja de correr por tus venas. Sientes que te mareas, mientras la hija de tu primo se mete para el cuerpo dos vasitos de gazpacho, tres canapés de caviar y dos croquetas de bacalao. Ni corta ni perezosa te da a entender que no necesita tener novio porque sus necesidades sexuales están ya bastante cubiertas con un par de chicos de su clase, su vecino del tercero y el mejor amigo de su hermano. Tras reírse con desparpajo de tu ocurrencia, se da la vuelta y continúa comiendo con avidez. Aún lívida, eres consciente de que el círculo se ha cerrado. Una risa maligna resuena en tu cabeza. FI Veterano - 5; Nuevo FI (anteriormente denominado Pobre Víctima Indefensa) - 1.

FIN DE LA PARTIDA.

3 comentarios:

  1. Como experta en el tema, te presento mi tesis sobre el FI, el cual llamaré a partir de ahora PI, ya que cualquiera de tu entorno se puede convertir en una persona interrogante. Analicemos pues cinco de los casos que pueden darse en los supuestos de pregunta-respuesta que se generan cuando una PI y su víctima interactúan en un escenario cualquiera.

    Caso 1
    PI: ¿Qué tal vas de chicos?
    Respuesta: Mal

    En tal situación PI te considerará una fracasada en el terreno amoroso, una persona de la cual lamentarse. PI pensará en tu edad, en la fertilidad, en ambas juntas. Cual calculadora humana obtendrá los años que te quedan para poder formar una familia. Si suelta "se te va a pasar el arroz" una patada en el estómago estaría justificada

    Caso 2
    PI: ¿Algún chico a la vista?
    Respuesta: Pues de momento no

    PI piensa que eres lesbiana. Entre esa persona y tú se generará una pausa de 5 segundos, te escudriñará detenidamente para encontrar algún rasgo que verifique su conclusión. Tienes una edad y PI no entiende como sigues soltera. Si la siguiente pregunta es ¿y novia? PI delata su ignorancia

    Caso 3
    PI: ¿Estás con alguien?
    Respuesta: Nada, prefiero estar sola

    PI cree que eres insoportable, que la culpa es tuya y que nunca podrás tener una vida normal (como la suya, como la de los demás). Te visualizará con tres gatos en un apartamento, y después, contradiciéndose, contestará en un alarde de solidaridad fingida: "bueno, mejor para ti, problemas que te ahorras"

    Caso 4
    PI: ¿Ya tienes novio?
    Respuesta: Que va (sonrisita pícara)

    Eres muy guarra. Libertina, fresca. PI no te desprecia, pero deseará por tu bien que de una vez por todas asientes la cabeza y TE ESTABILICES, porque para ellos tener relaciones cortas es sinónimo de lujuria e inmadurez.

    Caso 5
    Este caso es poco común
    PI: ¿Cuándo te vas a echar novio?
    Respuesta: ... (te encoges de hombros)

    Bien, PI cree que nunca nadie te ha tocado, ni siquiera con un boli BIC. No correspondes a ninguno de los cuatro casos anteriores. Un bicho raro, inclasificable. El hecho de no poder ponerte ninguna etiqueta les provoca un colapso. Con suerte no vuelvan a preguntar.

    Relación duradera, boda, hijos. Es lo único que le interesa a una PI. Conseguir ese triplete te liberará de sus interrogatorios. A lo largo de los años desarrollas una habilidad que hace que sus preguntas te suene igual que: ¿Comiste ayer mandarinas?...

    Estos individuos consideran esos temas los más importantes Y NECESARIOS en la vida. Si invertimos los roles entre PI y víctima, éstas serían las preguntas a formular:

    ¿Tú tienes estudios?, ¿Sabes lo que quieres?, ¿Te gusta lo que haces?, ¿Tienes inquietudes, intereses?, ¿Tienes personalidad?, ¿Miras, oyes, lees, hueles, piensas, experimentas, conoces, abarcas, caminas, viajas, te expresas, te diviertes, aprendes, quieres, meditas, sientes?, ¿ERES FELIZ?

    Conclusión: Cada uno focaliza la vida como le salga del ojete :D

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  2. Y por cierto muy chulo lo que has escrito, muack :)

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